Cortisol y estados de ánimo
Cortisol y estados de ánimo: qué muestran las investigaciones y por qué una correlación no basta para afirmar que el cortisol causa cambios conductuales.

Cortisol y estados de ánimo: ¿qué relación existe?
El cortisol suele aparecer en redes sociales y contenidos de divulgación como una explicación rápida para prácticamente cualquier cambio en el estado de ánimo: “tienes el cortisol alto”, “el cortisol provoca ansiedad” o “bajar el cortisol mejorará tu estado de ánimo”.
El problema es que estas afirmaciones suelen convertir una asociación fisiológica en una explicación causal sin demostrarla.
El cortisol es una hormona esteroidea producida por las glándulas suprarrenales y forma parte de la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HPA). Su secreción presenta variaciones a lo largo del día y responde a diferentes condiciones fisiológicas y ambientales.
Que una variable fisiológica se encuentre relacionada estadísticamente con una determinada conducta o condición no significa, por sí mismo, que esa variable sea su causa.
Cortisol y estados de ánimo: una asociación no es una explicación causal
Diversas investigaciones han encontrado diferencias en las concentraciones de cortisol entre grupos con y sin depresión. Por ejemplo, un metaanálisis de 17 estudios encontró concentraciones séricas o plasmáticas de cortisol significativamente mayores en personas con depresión que en controles. Sin embargo, los estudios presentaron una heterogeneidad elevada (I² = 85%), lo que indica una considerable variabilidad entre los resultados.
Otro metaanálisis, que reunió 361 estudios y 18,454 participantes, encontró una tendencia hacia mayores niveles de cortisol en personas con depresión. Sin embargo, el tamaño del efecto disminuyó aproximadamente a la mitad cuando el análisis se restringió a estudios que cumplían estándares metodológicos mínimos. Además, los resultados variaron según las características de las muestras y las formas de depresión estudiadas.
Estos resultados permiten hablar de relaciones observadas entre cortisol y determinadas condiciones clínicas. No permiten concluir automáticamente que un incremento del cortisol produzca una determinada conducta, estado de ánimo o diagnóstico.
¿Entonces el cortisol causa depresión?
Esta pregunta requiere todavía más cuidado.
Algunos estudios longitudinales aportan información más relevante para discutir temporalidad. Una revisión sistemática y metaanálisis centrada en adolescentes y adultos jóvenes encontró que niveles elevados de cortisol matutino se asociaban prospectivamente con el desarrollo posterior de depresión. Sin embargo, los autores también señalaron que el cortisol matutino no difería significativamente entre controles sanos y personas con depresión en los estudios transversales.
Una asociación prospectiva es más informativa que una medición realizada en un único momento, pero tampoco equivale por sí sola a demostrar causalidad.
Para establecer que X causa Y necesitamos evidencia mucho más exigente: temporalidad, control de variables relevantes, diseños apropiados para la inferencia causal y, cuando sea posible, evidencia experimental o convergente que permita descartar explicaciones alternativas.
Decir:
“Las personas con depresión presentan, en promedio, determinadas diferencias en cortisol”
es una afirmación descriptiva que puede contrastarse empíricamente.
Decir:
“La depresión ocurre porque tienes el cortisol alto”
es una afirmación causal mucho más fuerte.
La segunda no se desprende automáticamente de la primera.
¿Y qué pasa con el estrés?
Aquí también conviene evitar simplificaciones.
El cortisol participa en la respuesta fisiológica ante diferentes condiciones y forma parte del funcionamiento del eje HPA. La investigación experimental y fisiológica ha estudiado ampliamente la relación entre exposición a estresores, actividad del eje HPA y diferentes resultados conductuales y fisiológicos.
Pero incluso cuando existe una relación entre un estresor, cambios en cortisol y cambios posteriores en la conducta, no resulta correcto asumir que el cortisol es necesariamente el mecanismo único que explica la conducta observada.
Una misma modificación fisiológica puede formar parte de diferentes relaciones funcionales y ocurrir junto con múltiples cambios en el organismo y en el ambiente.
Por eso, una medición aislada de cortisol no permite reconstruir por sí misma las condiciones que producen una determinada conducta.
¿Un análisis de cortisol puede decir cómo está una persona?
No.
Una concentración de cortisol es una medición fisiológica, no una medición directa de un estado conductual.
Además, la interpretación depende de variables como el momento de la medición, el tipo de muestra utilizada, las condiciones experimentales y las características de la población estudiada.
La literatura muestra precisamente esta dificultad. Una revisión sobre cortisol capilar y depresión encontró resultados contradictorios: algunos estudios reportaron concentraciones mayores, otros menores y la mayoría no encontró diferencias significativas entre personas con depresión y controles.
Por tanto, afirmar que una persona “tiene el cortisol alto y por eso está de mal humor” supone varios saltos inferenciales que los datos no autorizan.
¿Y el “estado de ánimo”?
Desde una perspectiva conductual, también conviene precisar qué estamos describiendo cuando utilizamos expresiones como “estado de ánimo”.
Decir que una persona está “de mal humor”, “bajoneada” o “irritable” no identifica por sí mismo una variable fisiológica responsable de esas conductas.
Es necesario describir qué está haciendo la persona, en qué condiciones ocurre esa conducta, con qué frecuencia, qué antecedentes están presentes y qué consecuencias se relacionan con ella.
La presencia simultánea de una variación en cortisol y una modificación en la conducta no resuelve esas preguntas.
Por eso, el análisis psicológico no debería detenerse en una explicación fisiológica correlacional cuando lo que se pretende comprender es la conducta de una persona en su contexto.
Entonces, ¿qué podemos afirmar con rigor?
Podemos afirmar que existe investigación que relaciona la actividad del eje HPA y diferentes medidas de cortisol con depresión y otras condiciones estudiadas. También podemos afirmar que la magnitud y consistencia de esas relaciones varían entre estudios y poblaciones.
Lo que no podemos afirmar a partir de una correlación es que:
- el cortisol sea la causa de un determinado estado de ánimo;
- una concentración elevada de cortisol explique por sí sola una conducta;
- una medición de cortisol permita identificar qué le ocurre psicológicamente a una persona;
- disminuir el cortisol produzca necesariamente una modificación determinada en la conducta;
- cualquier problema conductual pueda explicarse mediante el cortisol.
La diferencia puede parecer pequeña en una conversación cotidiana, pero es fundamental cuando hablamos de evidencia científica.
Correlación describe una relación estadística. Causalidad requiere evidencia adicional.
Y precisamente por eso, ante una dificultad conductual, una medición fisiológica no sustituye la evaluación de las condiciones en las que ocurre la conducta.
Referencias
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Wenling Li, W., et al. (2024). A meta-analysi
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